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Canalcar y el trabajo de tus sueños

Canalcar es una empresa de compra-venta de coches de Madrid que ha superado en publicidad un listón que “Me voy a Aurgi” había puesto muy alto en el sector automoción. Y todo con una cuña en radio que repite monótonamente ‘Canalcar, compramos su coche, Canalcar, compramos su coche…’, nada más. La expresión ‘te repites más que Canalcar’ se ha hecho más que viral, ha penetrado en el inconsciente de muchos colectivos. Aunque no nos consta que hayan subido las compras de Canalcar sí sospechamos que la cuña podría estar siendo utilizada para combatir los suicidios por despeñamiento, el insomnio y la violencia de género, de todos los géneros. A los hare krishna, una fórmula similar les eliminaba también los problemas de calvicie y el mal gusto en el vestir.

La supervivencia laboral, por lo que llevamos visto en estos últimos años, tiene dos soluciones, o aprendes a hacer de otra forma lo que vienes haciendo o aprendes a hacer cosas nuevas, con una condición, que te las compre alguien. Lo primero es tu oferta y la condición es la demanda.

Cuando nos viene alguien con sueños o pasiones que no sean el sueño habitual en los españoles, la nómina de por vida, una primera preocupación que nos tomamos es dilucidar cuánto hay de despiste y cuanto de desesperación profesional, poniéndole los pies en el mercado laboral actual de forma que asuma los medios personales necesarios para crear esa oferta, la realidad de su demanda y, si persiste, los costes de crear esa demanda o pasar a ofertas alternativas.

Con no poca frecuencia llegamos a la evidencia de que ni hay demanda ni medios personales y toca reconducir o quemar a un cliente y cortar una fuente de ingresos. Aprovecharse del status profesional o la capacidad de influencia verbal para alimentar la ficción del ‘trabajo de tus sueños’ sería, eso, aprovecharse.

Con un enfoque de servicios que incorpora el análisis de la demanda y la adquisición de los comportamientos que hacen atractiva una oferta para esa demanda nos chirría un poco las frecuentes alusiones a la actitud personal del cliente. Si pinta algo aquí la actitud, estaría casi incluida en contrato, como resultado colateral de nuestros servicios, si funcionan su actitud cambia. Nos contratan para conseguir trabajo de nuevo o un nuevo trabajo, nadie para que le cambiemos la actitud.

Que un especialista en CRM, por ejemplo, encuentre las palabras que describen las causas habituales del rechazo de los CRMs y las claves que utilizó para resucitar una mala implantación en su último trabajo, que es lo que quiere oir el reclutador que le recibe en cuatro días, no es cuestión de actitud, sino de trabajo del asesor con el asesorado. La actitud de éste podría cambiar si el reclutador le pasa a la siguiente entrevista, pero podría no cambiar dependiendo de su madurez emocional.

Que un director de marketing online asuma que su discurso ante un director general no es su vida y milagros sino la situación de la empresa, su visión del negocio y las soluciones que ha presentado a situaciones similares, y entrene ese discurso, tampoco es cuestión de actitud; es un asunto de trabajo del asesor con el asesorado que empieza por investigar la actualidad reciente de la empresa.

Por eso cuando leemos afirmaciones tan rotundas como que el éxito profesional depende en un 90% de la actitud del cliente que te ha contratado y te remunera no podemos dejar de hacernos preguntas. ¿Es un preaviso: te lo dije, no encuentras trabajo porque nos has cambiado de actitud, págame por mi 10%? ¿Es un aviso del agotamiento de otras alternativas de cambio o adquisición de comportamientos profesionales? ¿O una simple declaración de servicios, esto es lo que hay, vamos directamente a la actitud del cliente? Y de paso “le conseguimos el trabajo de sus sueños y todos sus objetivos, otra hipoteca, lo que se proponga. Así, con un par, no nos gusta lo fácil, y Paulov, su perro, Burro F. Skinner y compañía que descansen en paz”.

Mucho nos gustaría que en esas consultas no se estuvieran utilizando estrategias tipo Canalcar: ‘cambia tu actitud, cambia tu actitud’, ‘diferénciate, diferénciate’, ‘sal de tu zona de confort, sal de tu zona de confort’, ‘descubre tu pasión, descubre tu pasión’, ‘pregúntale a tu vecino cuál es tu marca personal, pregúntale a tu vecino cuál es tu marca personal’ y otras monsergas de los monaguillos de la psicología y el marketing. Por lo que nos cuentan algunos clientes que han pasado por esos trances nos queda la duda.

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