búsqueda de empleo, no sé venderme
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Revisa las experiencias de tus usuarios

Vamos con el capítulo 4. En el 3 nos habíamos quedado donde la doncella o el doncel peina y repeina sus experiencias en el calorcito de sus aposentos, mientras fantasea con las deseadas y censura las archivables. En esto aparece el ogro verde en la ventana.
– Tío, de qué vas, qué susto.
– Que vuelvas a la realidad y te ancles a tus testigos, que tu historial es social.
– ¿Como el CV social de @maricarmenmar?

No, mucho más. @maricarmenmar habla de la capa marketing. Nosotros todavía estamos ordenando el almacén, en la capa experiencia, lo que has hecho en la fábrica o en la oficina antes de dedicarte a las redes sociales. Las conexiones que en esta capa te acechan son las que si hablaran online te harían un desgarro, las que te podrían hacer un favor pero prefieren lo offline y las que no sabes qué estarán diciendo de tí offoffoffline, los muy … testigos. Los contactos que te montas con gente que no te conoce son sociales pero de otra forma.

La reputación que nos preocupa aquí tampoco es la de @maricarmenmar. El problema no es que las alertas de Google digan que eres un mediocre o un crack. Si eres medianamente honesto contigo mismo no te aportan nada nuevo. Los reclutadores o compradores de tus servicios tampoco van a tomar la decisión por lo que diga algo tan ruidoso, incompleto y pagado como Google si ya has quitado tu foto borracho de Facebook. El problema es que realmente lo seas, mediocre o crack, donde se firman los contratos, en la capa experiencia. Si el problema lo tienes ahí, es difícil que lo resuelvas en la capa online.

El historial profesional, antes de ser CV, es social, siempre ha sido social, muy social. Hacer un CV puede ser una tarea ensimismada. Lo dice @maricarmenmar. Algunos se llevan una sorpresa cuando leen su Google. Y puede ser tan antisocial como crearse uno online no ‘fidedigno’ o paralelo a su ‘historia real’, en la terminología de Linkedin. Ahora en la opción de pago ‘Encontrar referencias’ en Linkedin, al lado de ‘Enviar mensaje InMail’ se puede obtener información ‘fidedigna’ sobre Fulanito, o como dicen en la versión inglesa, la ‘historia real’ de lo que es trabajar con esa persona a través de los que han coincidido con Fulanito en las empresas por donde ha pasado. Lo que aclara un poco la calidad de la información publicada en la red.

Pues bien, en esa historia real del trabajar con esa persona es donde habíamos dejado el ejercicio de revisión de la experiencia que nos traemos entre manos. Habíamos hablado de resultados, calidad e impacto de una actividad personal pero una descripción de una entrega de servicios queda incompleta sin una descripción de la experiencia de los usuarios. Un concepto de marketing que se puede aplicar al desempeño profesional.

El concepto de usuario es más amplio que el de contratista o jefe y está próximo al de cliente. En definitiva todos somos profesionales contratados por un cliente para unos determinados servicios. Luego, casi nunca trabajamos solos. Lo hacemos en un departamento, a veces en matriz, nuestra entrega de servicios afecta a terceros o cuartos, también hay observadores, etc. Todos ellos son clientes nuestros en cuanto que vienen con sus demandas formales o informales, laborales o emocionales, hacia nosotros. Ese infierno que es el prójimo, que podría haber dicho Sartre, y que puede tener mucho poder.

Su experiencia como usuarios nuestros puede influir en la renovación o terminación de nuestro contrato de servicios con el cliente principal aunque los servicios hayan estado al nivel esperado.

Su experiencia como usuarios les sitúa como referenciadores nuestros, agentes de marketing o antimarketing personal durante cierto tiempo.

Su influencia pertenece a la ‘historia real’ o ‘información fidedigna’ que el mismo Linkedin reconoce que no se publica y que ha constituido la materia prima de headhunters y reclutadores desde el nacimiento de la profesión.

Así que este análisis de los posibles referenciadores, la experiencia que han tenido con nosotros, incidentes, discrepancias estructurales y personales, diferencias estilísticas, la historia de amor u odio entre ambos, debería incorporarse a nuestro inventario de experiencias para que el marketing que montemos después no sea ilusorio. Habría que controlar sobre todo aquellos con posturas más enconadas a favor o en contra de nosotros y mayor actividad social (número de contactos y presencia en redes), empezando, claro, por los claramente a favor. Igual no tienes que venderte. Ya lo hacen ellos. Y tu estás en el paraíso y no te habías enterado.

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