autogobierno profesional
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Mi jefe es un inútil

Es el nombre de un problema profesional que consiste, básicamente, en una gestión incorrecta del principal cliente. Para calibrar la gravedad del problema basta echar un vistazo al mercado laboral y recordar que en una empresa se entra por un buen proyecto y se sale por un mal jefe si se puede. Si lo miramos por el lado del marketing personal es todavía más demoledor. Poner a tu principal agente en tu contra es suicida. Hay quien lo airea en privado o como teoría del liderazgo en algún muro de las lamentaciones 2.0. Quien bien te quiere te dirá “tienes un problema, majete”.

El negocio individual

A estas alturas de la fiesta no es fácil ganarse la vida (profesional) si no se gestiona como un negocio individual. Gestionar la autoestima, el historial personal o los derechos adquiridos son otras cosas. Lo del negocio individual no marcha sin una oferta personal de servicios al día y competitiva. Marcha mejor cuando eres bizco, un ojo en tus posibles clientes, otro en tus servicios. A ese ojo en las necesidades y en la cartera de tus posibles clientes le llaman trabajar con marketing. Hay quien todavía se cree que es tirarse el folio. En los servicios, además del ojo conviene poner las dos manos y un buen mazo. (Os acordáis del “A Dios rogando…” Dios tiene todas las apps temporalmente suspendidas por saturación). Dura situación para tuertos y mancos. Y llegamos a los clientes. Necesitas uno por lo menos para tener negocio. No es lo más inteligente poner todos los huevos en la misma cesta pero, según están las cosas, quien tiene un cliente tiene un tesoro, aunque se llame jefe.

Tu jefe, tu socio

En España, la ley que todavía regula las relaciones en el trabajo asume que se necesitan dos clases para que pueda haber lucha entre ellas. La ley pone en manos del empleador la carga de dirigir a los empleados, incluso a los que se dirigen solitos, a través de la indeseada figura del jefe. El empleado sufre al indeseable en su comportamiento diario, su remuneración, su desarrollo, su marketing, su salud, su alegría… Los tiempos confirman la inviabilidad de ese régimen, los negocios funcionan mejor con la colaboración entre socios que con la lucha de partes, la figura del empleado o trabajador está en extinción por innecesaria. Es ahí donde España marcha a la vanguardia mundial ;-). La reforma laboral reciente, además, propicia en esa línea una economía de empresarios, emprendedores y “empreados“, dueños todos de sus negocios personales y entre ellos con relaciones de colaboración como socios adultos.

La transición

Ahí es donde están las llagas, digamos históricas, en la transición de un régimen laboral de confrontación interna y protección contra el mercado a un régimen de colaboración interna y confrontación en el mercado libre. Luego están las llagas individuales. Los hermanos latinos lo explican bonito. Cabe la posibilidad de que tu jefe no sea un huevón sino que tus manos sean pequeñitas. Importante avance desde el “tú malo, yo bueno”; tú estímulo, yo respuesta; tú martillo, yo chillo en vez de quitar el dedo. Un poco más allá, el jefe inútil no nace, lo haces, o lo mantienes. Pero otro jefe es posible, lo puedes gestionar, porque un jefe inútil no te interesa. Mejor un socio.

Confirmar a tu jefe

El primer día te presentas en la nueva empresa con el contrato de servicios o la moto que has vendido. Tú, bizco total, como siempre. Un ojo en tus posibles clientes, otro en tus servicios, los que vas a entregar. Empieza el período de prueba por las dos partes. Lo normal es que después del proceso de selección él sepa mucho más de ti que tú de él. Con tal de colocar nuestra oferta dejamos en segundo lugar la selección de clientes. Se puede recuperar el tiempo en el período de prueba. Cuanto antes conozcas su estilo y exigencias fuera de contrato, mejor. Igual no tiene capacidad para ser tu cliente y sí para arruinar tu negocio y tu salud. Estar en la nómina a cualquier precio no es estar en la gestión de tu negocio individual. Quizás estés a tiempo de repescar alguna de las ofertas que rechazaste para aceptar a éste. ¿Que no tuviste? Entonces tu negocio está en pañales; razón de más para seleccionar mejor a clientes que te permitan entregar tus servicios con comodidad y probar e incorporar servicios nuevos a tu menú.

Tranquilizar a tu jefe

Si tu jefe parece cumplir con tus mínimos sería un error ponerte inmediatamente a entregar los servicios acordados, tu propuesta de valor. Muchos buenos profesionales se boicotean a sí mismos al llegar. Lo urgente es tranquilizarle, mostrarle sin lugar a dudas que formas parte de su equipo, que aceptas ir tan rápido como el más lento y tan eficientemente como el peor hasta que su equipo y él, tus agentes de marketing a partir de ahora, no lo olvides, te acepten como suyo, sin temores, silencios ni juegos colaterales. Después te dejarán aportar los resultados “nuestros” que aparecían en tu contrato de servicios, con lo que mejorarán tus referencias, y a continuación te escucharán y quizás acepten los cambios que desde el primer día sabes que son urgentes para el equipo y útiles para el desarrollo de tu oferta, finalizado el cual las razones para seguir en esa organización empezarán a debilitarse.

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