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Transiciones trampa y supervivencia

Bram BogartMucho antes de la última crisis ya existían las transiciones trampa. Veamos una que no es rara. Tres protagonistas: un director internacional de multinacional (DI), un director local (DL) y un candidato a director financiero (DF).

El DI quiere información real de lo que se huele que sucede en la filial local, le cuenta al candidato, y ya le avisa de que no le contratará si el DL le recomienda. DF se esmera y consigue que DL le contrate sin ningún entusiasmo. Entra “de lado”. A los pocos días de entrar se encuentra el “pastel” local, mejor dicho, se encuentra entre el “pastel” y la pared.

Puede haber poderosas razones personales para que el candidato embista al toro: su misión ante DI, la necesidad de logro que ha guiado todo su historial, su integridad ética, su función de gestor del cambio, siempre le ha gustado hacer bien las cosas, etc. Más si alguna de sus razones es estructural o enquistada, el candidato puede embestir denunciando el pastel al DI, convertirse en el espía del local, esperar el contraataque del DL y su red, manejar defensivamente la situación, crearse un conflicto personal, enconarlo, crear dos problemas donde había uno, comprobar que el apoyo del DI no llegaba hasta apoyar remedios que son peor que la enfermedad, y prepararse para la úlcera interna o externa, en la cola del paro, sección bienintencionados.

Habiendo poderosas razones coyunturales, viene de un largo tiempo en el paro, por ejemplo, el candidato podría intentar subirse a las gradas y cerrar los ojos para no ver la corrida. En los tiempos que corren es la salida más popular, pasaría el período de prueba con el DL, que es quien firma su contrato y su despido, pero en el caso que nos ocupa tampoco tiene pinta de ser muy viable.

Hay más alternativas, vamos abreviando. De acuerdo con ese gran seguidor de Perogrullo que dijo “ni amado, ni odiado, sino gestionado”, al toro se le puede lidiar. ¿A qué toro? En las corridas siempre hay dos, primero uno y luego otro. Y nadie torea sólo, mejor hacerse antes con una cuadrilla, picadores, banderilleros, etc. Por si no os gustan los toros, para modificar un equipo, mejor entrar en él, generar confianza y trabajar desde dentro. Se va más despacio pero se llega más lejos. ¿Quién dijo que había prisa? ¿Quién dijo que había que elegir entre tarea, personas o poder? El toro tiene su tempo pero se le puede lidiar y quizás no haya que matarlo. Lo que es seguro es que ser mártir no es rentable para uno mismo.

Hay más opciones, dejar pasar el toro de otro y esperar al tuyo, adoptar un toro huérfano, etc. pero no queremos agotarlas y dejar espacio para vuestras sugerencias y comentarios. Ciao.

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3 Comments

  1. Pere Puiggros says

    El problema se hace indigerible para la empresa cuando el que instiga estos movimientos es el propio CEO para cubrir su propia incompetencia , aparcando o dirctamente prescindiendo de el mejor capital humano de la empresa , rodeandose de personas de la máxima confianza pero con un grado de incompetencia supina . En condiciones de mercado benevolentes sobreviven porque todo funciona mas o menos incluso lo mal diseñado y gestionado pero claro cuando las cosas se complican ya no saben que hacer ni por dónde tirar y en esa situación el consejo de administración si es competente debe fulminar al CEO y toda su camarilla de incompetentes si no la empresa puede subrir daños irreversibles.

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  2. Alejandro García says

    Hola Esteban.

    Todo esto que comentas yo lo resumiría con una sola palabra: MEDRAR.
    Siempre ha habido este tipo de personajes en el mundo empresarial, político y en cualquier tipo de asociación.

    Bajo mi punto de vista, este tipo de gente acaban aportando muy poco o nada a la evolución de empresa, pero si es cierto que tienen la habilidad, en muchos casos, de posicionarse en puestos clave.

    A mi modo de entender, y más en los tiempos que corren, hay que prescindir de este tipo de gente que está más pendiente de lo que hacen o dejan de hacer los demás que de llevar a cabo sus responsabilidades y de hacer su trabajo, por lo que acaban siendo un lastre y un freno para la empresa o el grupo (sea de la naturaleza que sea) en el que estén.

    Saludos cordiales.

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