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No son 5 millones sino 23

Hay algo que chirría en el juego mediático con el desempleo. Hasta para los medios más serios los reportajes sobre parados suelen ser historias sobre la desolación y el sufrimiento que lo acompaña, cómo no salen de donde están, lo mal que está todo, no hay derecho y mensajes similares.

La noticia, que el amo muerda al perro, sería cómo abandonan el paro los que lo hacen, que paro siempre habrá pero ser parado es algo transitorio. De eso, poco. Hablar de desertores no vende. Mejor lanzar consuelo, hay otros en peor situación, tranquilidad, mal de muchos… o no somos como ellos, y a todos esperanza, el paro es la excepción a una norma, el empleo, calificado de estable o de calidad según el tipo de alucinación de su autor. La norma ni se inmuta ante los niveles históricos de la excepción, que se despacha con una palabra, la crisis. El paro dejó de ser un asunto personal. Se habla de víctimas de la crisis, de 5 millones que vienen en paquete, arropados en el dato, todos iguales, todos buenos, como en Linkedin. Victimismo rima con conformismo. Para algunos la crisis es un problema de otros y los parados, un coro de figurantes en el teatrillo de alguien. Moraleja, aguanta, que cuando esto pase, todos a trabajar, sin mover un dedo y en lo mismo de antes.

El dato, 5 millones, además de bruto y viejo por estadístico, es un dato complaciente. Puestos a impactar sería más relevante el número acumulado de activos que han pasado por el paro en algún momento desde que empezó la crisis y cómo ha evolucionado. O dentro de ellos, la cifra de ex-empresarios, que el paro no distingue clases sociales. O los empleados con contrato de larga duración y funcionarios, que la crisis también ha mordido a colectivos a los que se les atribuían una tranquilidad laboral histórica. Si a los que han perdido el trabajo les sumamos los que han perdido la tranquilidad tendríamos que decir que las víctimas de la crisis no son 5 millones sino 23, toda la población activa que queda en España. Y así nos iríamos acercando al problema que los medios pasan por alto, que no se puede definir en términos de paro y empleo, porque esa norma y su excepción pueden estar saltando por los aires, porque la confusión entre trabajo y empleo está perdiendo su justificación histórica, porque el problema es precisamente la indefinición, la instalación de la anormalidad en el ámbito del trabajo, un brutal cambio de escenario y de reglas de juego para buscarse la vida. El caso es que los medios pueden estar alimentando, junto a las víctimas de la crisis, transitorias, otro tipo de víctima más estable, las víctimas de si mismos por despiste o indigestión del propio discurso mediático, que indigestión es mezclar el teatro colectivo con el problema personal o familiar que es estar parado, por cierto, de nulo interés para los del discurso.

Echamos de menos en los medios el declive del paternalismo laboral. En los últimos tiempos cada vez más empresas son incapaces de cumplir sus compromisos tradicionales con los empleados, aunque quieran, sean grandes telefónicas o pymes. Mamá empresa ahora es una viejita con alzheimer o una niña juguetona, y dentro de poco puede que sólo sea un tiburón chino o ruso. Además papá Estado resulta que es como una empresa. Así que malos tiempos para el infantilismo laboral.

Sobra mirarnos tanto el ombligo nacional y falta mirar más a Europa y al mundo. No es autoengaño, es mucho más grave. Poner tus fronteras laborales a menos de 50 kms de casa trabajando en algo que a 5000 kms se paga a la tercera parte no es la mejor forma de labrarse un futuro. Y no esperes que nadie del párrafo anterior te salve.

La crisis nos ha recordado que todos los proyectos empresariales tienen un ciclo de vida, son temporales, cada vez más. Mal cuadra esto con la vieja ilusión de la nómina para toda la vida. Que coincida el ciclo de vida de la empresa con nuestro ciclo de vida profesional va a ser casi milagroso, no sólo cuando se elige la empresa a ciegas.

Tampoco se oye mucho que el trabajo, aún con nómina, se va a parecer más al de socio que al de empleado. La mentalidad de empresario va a ser un requisito no sólo para entrar a compartir el negocio de otro, también para la supervivencia. Cuando el trabajo escasea te lo tendrás que crear tú. La pasividad laboral no parece ser la mejor escuela.

Pocos hablan de la devaluación progresiva de la experiencia profesional y el curriculum vitae. La aparición de nuevas ocupaciones se acelera y pone en valor las competencias personales actuales. Para la supervivencia sobresalen tres, la sensibilidad al mercado, la reinvención profesional y el marketing personal, las tres practicadas permanentemente. Nada que ver con el trabajo bien hecho, que alimentó a nuestros padres. Que los seniors mentales van a tener más dificultades para reaclimatarse en este nuevo escenario es una cosa pero jugar con ello casi es ir contra el interés público.

Vamos, que sobran razones para dejar de escuchar milongas y empezar a autogestionarse. Ahora más que nunca es tu momento.

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2 Comments

  1. Cierto, en ningún medio se da cobertura a los que salen del desempleo y debería de hacerse todos los días. Cada vez que un parado abandone su condición tocar la campana. Pero estamos acostumbrados al victimismo y a vivir con las malas noticias y así nos va.

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