redes sociales y empleo
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Escenas de la guerra de las identidades


1 Guerra comercial y de poder

Ya nos avisaron hace un tiempo de la cara oculta de Facebook. Están creando una burbuja digital que sustituya a la vida real donde poder controlar a la población. Aparece la CIA detrás. Brrrrr. Todo se graba, nada se borra. FB vende los datos personales a los miembros de un ‘ecosistema’ donde entran gobiernos, telecos, empresas de internet, grandes empresas de todo tipo, agencias de marketing, etc. Los usuarios de la red se convierten en producto pasivo cuanto más activos son y, al final, en consumidores consumidos. Junto a la guerra comercial, la guerra del poder. El individuo lo gana haciendo de su terminal y de la red una prolongación de su cerebro. La red puede ser una red mundial de cerebros interconectados, un poder nuevo frente a los poderes tradicionales, o no. Depende de cómo éstos intenten ‘controlar’ la nueva situación. Por el camino, la esperanza de que la gestión sea equilibrada y con respeto a los datos personales. Por de pronto, Anonymus, para regocijo de Google+, ha anunciado que destruirá Facebook el próximo 5 de noviembre.

2 La identidad individual

En estas guerras la identidad individual es la pieza clave y la gestión de las identidades es el centro de la batalla o de las batallas. No hablamos del ego de Narciso, sino de la pieza del entramado que permite asociar los datos a individuos aunque no sean exhibicionistas digitales, y la pieza más clásica, el IP, quizás ni la conocemos, va pegada al terminal que adquirimos para comunicarnos con el mundo cuando no lo hacemos a gritos. Una pieza insuficiente desde que comenzó la migración imparable de nuestras vidas hacia internet. Microsoft lo intentó con su Passport. Luego el consorcio del ecosistema, Liberty Alliance, intentó el puente entre identidad IP e identidad web. Ahora Openid y otros varios intentan sin conseguirlo todavía que tu identificador o identificadores y tu información puedan viajar controlados e interoperables por internet.

3 El aborto digital

El campo de batalla es más amplio que Facebook, o las redes sociales, es la red. Cuando unos grandes almacenes te envían a casa una tarjeta de crédito que no has solicitado, no lo hacen a ciegas. Alguien, quizás una cajera, ha estado digitalizando datos tuyos previamente. Mala noticia para los defensores del aborto. Hay combatientes en la guerra digital que sostienen que la defensa más radical es no aparecer en las redes sociales o en Google. El aborto digital parece poco viable. Otros te digitalizan.

4 El anonimato

Los resistentes históricos recuerdan (comentario #19) que existió en la red una circular de la Fiscalía del Estado que aconsejaba no hacer uso del nombre real en la red como una norma básica de seguridad privada. Pero, contestan otros, con el anonimato se puede cometer fechorías online contras los demás que ponen en jaque a la Fiscalía. Efectivamente, y sin anonimato, a cara descubierta y con regustillo a impunidad: cuando la justicia española quiera intervenir se encontrará un cadáver, digital, claro. En una sociedad que se quiere transparente, los comentarios identificados son más razonables. Cierto. Además, nos gusta saber con quién hablamos. Eso ya es más difícil. Quién me asegura que no es su community manager o su negro. Y si de libertad de expresión hablamos, qué hacemos con los excluidos de la identidad digital oficialmente, directivos, militares, jueces, menores de edad, o prácticamente, disidentes políticos, españolistas en Cataluña o el País Vasco, etc. Existen los medios para afirmar tu identidad, en el Ministerio de Hacienda, en Gravatar, OpenId, WP, FB, Google+, todos te están esperando, pero no existen para evitar que las personas se inventen identidades, seudónimos únicos o circunstanciales. Derecho, necesidad y realidad, el anonimato existe y existe el fenómeno Anonymus. Así es la red.

5 Despistando

Dice Gorki, #19: La capacidad de control de la red es tan poderosa que es fácil coleccionar datos de dónde entras, qué escribes, el uso de tu Visa, seguirte físicamente por el teléfono, dónde estás, etc. y lo que queda por llegar con las etiquetas RFID, y lo que veremos en el futuro y de todo ello deducir cosas automáticamente, pero tiene un punto débil, que es el que yo aprovecho, siempre hay una interfaz entre el ser humano y la Base de Datos, que es la terminal. La BD controla terminales, pero no directamente a la persona que la utiliza, es por ello que yo tengo mucho interés en convencer que la terminal es una persona diferente a mí, tener un teléfono móvil a nombre de otra persona, utilizar una Visa a cargo de una cuenta con muchas firmas autorizadas donde yo no ocupo la primera posición, mantener el Wifi abierto y fomentar el uso de mi IP por varios vecinos de mi casa, utilizar sistemas automáticos de visitas aleatorias a web. ¿Qué mayor despiste para la BD que otras personalidades, con otros alias, actúen en mi IP y escriban emails, lean noticias, visiten webs etc. ¿Cómo va la máquina a separar cuáles son alias míos de los de los vecinos y cuáles actos son voluntarios de cuáles son realizados mecánicamente por el PC?

Y le contesta Luarca65 #21: Además de ésta tengo 20 identidades más. Incluso ésta y su dirección de email son falsas. En muchos ámbitos a mí se me conoce exclusivamente por un alias. Incluso laboralmente hablando, en cierta empresa de buen calado, sólo el gerente y, se supone, en contabilidad sabían de mi nombre real, el resto me llamaban… “…”).

6 Superegos digitales

Mientras los pros aparentes superen a los contras el consumidor seguirá entregando gratuitamente datos personales al ecosistema. Primer anzuelo, el ego digital y la religión montada alrededor: diferénciate, extimízate, conéctate, reinvéntate, participa en la conversación, redime tu vida real en el paraíso virtual, alcanza el éxito. El discurso ha calado. Por aportar algo de cosecha propia, en nuestra encuesta sobre tácticas de búsqueda de empleo, al llegar al apartado de marketing personal online era frecuente que el encuestado respondiera con disculpas más o menos abiertas por no estar suficiente tiempo al día en red o haber empezado tarde, asumiendo que el consumo de horas de conexión online es la nueva normalidad.

7 Gregarismo digital

Si no picas ese anzuelo tenemos el contrario. Si tu miniego real no te permite un superego digital tendrás todo el calor del “nosotros digitales”: complicidad asegurada, lametones, ausencia de críticas, cuando lleguen serán rudamente rechazadas o etiquetadas como trolls, podrás conversar con tus ídolos. Además tenemos previstos incentivos para tu persistencia, si repites, retuiteas, agradeces, alabas, sigues, no importa la calidad, mira Belén Esteban, te garantizamos una identidad digital acumulativa basada en el número de personas que arrastres a la causa y nos entreguen sus datos personales: con 20.000 seguidores, ambassador; con 30.000, influencer y podrás vender tuits espontáneos del estilo de “cómo me gusta el ….producto…, igual me lo compro”; con 50.000, título de experto y audiencia garantizada de aspirantes a expertos para tus ponencias, y si llegas a 24.000.000, te llamarás Cristiano Ronaldo.

8 Identidades profesionales

El anzuelo que no falla son las ganas de comer. Sin trabajo te tragas el “diferénciate, conversa, contacta, crea tu identidad profesional digital, etc.” y “el empleo está en la red”, el reclutamiento 2.0 y lo que te pongan. Por si acaso y hasta que tu experiencia lo desmienta. Lo malo es cuando compruebas que la identidad digital única, certificada, detallada, orientada a resultados y al cliente que te has creado no vende. Resulta que las redes sociales venden lo que ya se vendía sólo, pero sobre todo descartan. Que aquí la burbuja digital no funciona; una referencia analógica de un exjefe o de un excompañero te la pincha. Plafff. Y si te habías creído lo de la identidad única estás colgado para siempre. Has dejado en control de los empleadores información que no controlas. ¿No te sería más interesante crearte una identidad para buscar trabajo y decir lo bueno que eres y otra para explicar lo malos que han sido tus jefes y lo mal que está todo?

9 Tus datos

No son los combatientes sino los combatidos los que recuerdan que la identidad digital no son sólo los contenidos más o menos creíbles que más o menos cándidamente puedas publicar o repetir en mil sitios en internet asociados a los nombres, apellidos o marcas que elijas. Se completa con los contradatos publicados o impublicables de otras personas: “Eso que dice es mentira. No estuvo más que 5 meses en esa empresa pero a través de una ETT, trabajó para mí y es un gi…….as”. No olvidar tampoco los datos personales observados, la grabación de acciones personales, por ejemplo la localización al usar los teléfonos móviles que explicaría por qué el ejemplo anterior no estuvo más que 5 meses en la empresa. Y por fin, los metadatos o datos inferidos analizando los datos voluntarios y observados, p.ej. el credit scoring personal. El asunto de la tarjeta de crédito de los grandes almacenes. Sólo los primeros son datos personales voluntarios y controlados por ti. Y recuerda que todos ellos pueden ser utilizados por el comprador para venderte algo o para comprarte como empleado.

11 Ahora mismo

El ahora ha empezado con la llegada de los smartphones y los terminales móviles inteligentes. La internet móvil ha puesto todo patas arriba y la 4G ya está aquí. La cantidad de datos se multiplica exponencialmente, las posibilidades de nuevos modelos de negocio también. La posibilidad de tener desnudo al cliente al otro lado del móvil, sabiendo todo de él para darle la atención personal más rentable en tiempo real se acerca. McKinsey habla de una nueva era, la era del Big Data. Los grandes jugadores en el negocio de la identidad llevan tiempo tomando posiciones y ‘convergiendo’ entre ellos. Telefónica recientemente rebaja tarifas a los clientes que unan fijo, adsl y móvil. Vodafone ya lo hacía. Google+ intenta aglutinar tus contenidos alrededor de tu correo electrónico en .gmail [qué cansancio, otra red social donde hay que estar]. Telefónica lanza su CDN y se monta el revuelo entre combatientes.

11 ¿Una propuesta de alto el fuego?

El ecosistema a través del World Economic Forum ha propuesto recientemente un armisticio. Los datos personales son el petróleo y la divisa del siglo XXI, reconocen. Además de los modelos de negocio para monetizar esos datos en servicios individualizados en tiempo real, sugieren una gestión compartida por gobiernos, empresas e individuos y en beneficio mutuo, del ecosistema de los datos personales, con un concepto central, user centricity, basado en cuatro valores: transparencia, confianza, control y valor. ¿El fin de la guerra? ¿El comienzo de nuevas batallas? Luarca65 #21 remata: Me queda aún una esperanza (remota y psicodélica): y es que los usuarios empiecen a tener conciencia de lo que significa “ceder” sus datos alegremente… No es que dé un poco de miedo sino es que sin compensación alguna favorecemos sus negocios y sus bolsillos…

12 Una gran oportunidad laboral

Ante la posibilidad de que ni el WEF consiga el fin de la guerra ni que Anonymus cumpla su amenaza te apuntamos una bestial mina de empleo. Entelequia o realidad, el big data management va a exigir un boom en las profesiones relacionadas con el análisis de datos: matemáticos, investigación de operaciones, estadísticos, actuarios, economistas, ingenieros industriales. Y actualmente están dedicados a otras cosas o no están.

Más sobre el tema:

Facebook Privacy: Site Confirms It Tracks You After You Leave, ABC News, 16/11/2011
Facebook sienta las bases para ser el nuevo Google, Cinco Días, 28/09/2011
El análisis de datos se convierte en estrategia de las empresas de videojuegos, The Wall Street Journal Americas, 23/09/2011

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