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Sensibilidad a la demanda e im/prescindibilidad

¿Estaré en la lista? ¿Seré yo el próximo? ¿Te suenan estos temores? Vivimos tiempos en los que el olfato se desarrolla de una forma extraordinaria, hasta patológica. Hay quien está todo el día inquieto. Por la noche también por culpa de la impronunciable prescindibidilidad o imprescindibilidad. Cualquier indicio les revuelve. Contagian a los que les rodean. Lo sufren más los que están fuera de juego, del juego de la oferta y la demanda, que no tienen por qué ser los peores trabajadores. Se enfrentan a lo desconocido y reaccionan con emociones. Temen ser prescindibles porque carecen de información al respecto y no la tienen porque carecen de sensibilidad a la demanda, a la demanda de su oferta profesional.

En nuestra última entrada hablábamos de revisar tu oferta profesional y amenazábamos con revisar su demanda. No te asustes porque detrás de estos palabros no está más que Perogrullo. Lo vas a entender fácilmente. Recuerda que eres un empresario, presidente y director general, nada menos, del negocio de tu vida profesional, tu YO S.A. Aquí oirás el cuento de la empresa tradicional y tú lo extrapolas a tu últimamente apasionante vida poniendo “cliente-empleador” donde decimos “cliente”.

Todos tenemos un mercado

¿No te habías dado cuenta? Como mínimo tienes un cliente, tu jefe, o dos, si el que te paga no es el mismo. Les prestas unos servicios en unas condiciones que intentan mejorar, para ellos, claro. Seguro que tienes colegas y algún competidor, ¿el pelota? Muchos esperando ahí fuera, que lo hacen mejor que tú o simplemente de otra forma. Si les escucharas te darían nuevas ideas para tu oferta. Ahí fuera también hay un montón de clientes potenciales, los puedes ignorar o no, con necesidades que podrías satisfacer con tu oferta actual. Mejor si la retocas un poco.

Investigar tu mercado

No hay empresa que no investigue su mercado. Quieren conocer las necesidades de sus clientes para diseñar los productos/servicios más adecuados. Por si no has participado en un test de yogures te diré que las diferencias de sabor y apariencia entre una muestra y otra eran imperceptibles. No van a ciegas. Sensibilidad a la demanda en el más mínimo detalle. Por ahí empieza el negocio. Si hay demanda, un buen producto/servicio y un buen marketing, bombazo. Si no hay demanda, ¿dónde vas, loco?

La demanda es cambiante

La necesidad de un cliente-empleador nunca es un abogado, un médico, un director de rrhh o un delegado de ventas, y menos en plantilla, sino salir con buen pie de un litigio, librarse de una vez del dolor de espalda o de los empleados más incómodos y conseguir vender en la zona más difícil el nuevo producto que se le ha ocurrido al genio de la empresa, su hijo pequeño. Quieren resultados y soluciones ágiles a temas puntuales. Cambia su demanda de servicios, no tus capacidades o tu reputación.

Proximidad al cliente

Para estar en sintonía con su demanda hay que estar muy cerca del cliente, dialogar con él. No decimos estar encima de él o mimarle porque la traslación a tu cliente-empleador podría ser incómoda. Pero si te alejas de tu cliente o tu cliente se aleja de ti lo pierdes en poco tiempo. Seguro. A la inversa, cuanto más fluido sea el diálogo mejor seguirás las oscilaciones de sus necesidades y, en consecuencia, el valor o demanda que tienen tus servicios, con lo que podrás efectuar los cambios necesarios para adecuar tu oferta o preparar la ampliación de tu cartera de clientes. Pero no te quedarás fuera de juego. Ves, hemos llegado a la im/prescincibilidad pero con otro aire.

Hablar su mismo idioma

Ahora que eres empresario lo vas a tener más fácil. La sensibilidad a la demanda se traduce en pensar en términos de desempeño, resultados, indicadores, necesidades, nichos de demanda, tus propuestas, tus respuestas, tus soluciones, tus mejoras de resultados, más demanda, más valor… hacerse imprescindible. Mascas o no mascas tu trabajo. Estás o no estás en el juego. Así es como la sensibilidad a la demanda forma parte de tu mensaje, de tu oferta, y pasas a ser más imprescindible.

Flexibilidad

o agilidad o creatividad en tu respuesta o tus soluciones. La sensibilidad a la demanda se traduce en la flexibilidad de tu oferta, tu gestión del cambio, de configuración de servicios, de condiciones, de imagen. No importa el título que aparezca en tu tarjeta de visita. Salta los límites. Busca tu nicho. 

Por fin, recuerda, mi querido director general, que tu división de operaciones puede estar trabajando a ciegas si a tus departamentos de investigación de mercado y gestión de producto les das vacaciones permanentes. Y tú quieres ser un verdadero director general, ¿no es eso?

 

 

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