La crisis a 500 m. de mi casa

“Acaban de abrir tres nuevas tiendas de frutas, de las de muchas horas de servicio al cliente. Sólo una es de chinos. Ya veremos. Ya había otras tres. La del Walter se está manteniendo bien y lleva dos años.

De los bares ha cerrado uno que habían cogido los chinos. Se ha venido ahí el extremeño, que llenaba a diario en otro bar-restaurante del barrio, unos menús que te chupas los dedos. Pero pagaba demasiado de alquiler. El hueco lo ha cubierto el propietario, que ha pegado el bombazo con una cervecería autoservicio a 50 metros y un camarero joven que se ha llevado a toda la juventud del barrio y los próximos.

Los bares parece que marchan bien en el barrio. Lo explica el de Los Gauchos. Hay que trabajarlo, pero no lo van a dejar morir como han hecho otros camareros en algunos sitios. Si hay que poner pinchos como un menú, bocadillos a cuatro perras y tener abierto hasta las doce, se hace. Y están llenos todo el día.

No todo son bares en mi barrio. Hay un lugar donde hay colas todo el día. Una panadería-bollería. Nunca se me había ocurrido hacer cola para comprar un bollo. El olor del horno huele a dos manzanas. No te lo pierdas. No venden bollos, regalan un montón con una palabra simpática para la viejita, el niñito o la mamá. Eso sí, dedicación la justa, amabilidad ágil, sin retrasar la cola. Y si hay mucha cola, salen a vender los del horno, no como en el Día o en el Ahorramás. Los bollos y los panes, vivos, como los de antes, no se nota la química. A los siete días están como recién hechos.

Faltan el frutero y el pollero. El frutero tenía colas todo el día en un puesto cutre del mercado con otro puesto para producto más caro al lado, casi siempre vacío. A tomar por saco. Huída hacia adelante. Puesto nuevo a pie de calle, uniformes de diseño para todos los empleados, servicio a domicilio, hasta te firman los vales del parking vecino. Ni crisis ni leches. Fruta de garantía, te la explican, nunca te sientes estafado, siempre hay gente que paga por fruta un poco más cara.

El pollero, no es porque sea de mi tierra, pero es uno de los últimos supervivientes de un mercado que tiene más puestos cerrados que abiertos. En su planta se ha quedado sólo tras la retirada de Ángel, el joven de 47 años que servía el pescado más fresco, y la jubilación del Manolo, el mejor carnicero del mundo, media hora de cola mínimo para que te atendiera. Un hombre sin cuello ni diplomacia pero que fidelizaba con una carne bien cortada y sabrosa como pocas, nunca dejaba una hormona ni una gota de agua en la sartén, la traía “de la parte de Burgos que linda con Huesca”, y de vez en cuando te ponía un solomillo a precio de aguja.

Me falta lo del pollero, pero bueno, ya os hacéis un idea, que la crisis va por barrios o por comercios o la crisis es para el que se la trabaja, a pesar de esa señora, la prima del Riesgo, y siempre que hablamos de crisis hay alguien que suelta una sonrisa interior y no es ex/directivo de caja de ahorros. Hasta otra”.

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