El directivo asediado
Tiene ojeras y bolsas en los ojos. Anda intentando controlar su descontrol pero se le escapan los síntomas de agotamiento por esfuerzos ineficaces. En situaciones donde debe reir, permanece a piñón fijo, con una responsabilidad nebulosa consigo mismo. Se encarga él mismo de la carga de trabajo que no sabe gestionar. Se distrae así de la realidad que no controla. Una realidad que le exige, le vocea, le asalta, le acusa. Niega las protestas de sus colaboradores: son vagos, así cualquiera, eso no es así, la puerta está abierta. Leer más




